martes, 15 de enero de 2019

El amor no es una cosa ni la otra. Es indescriptible, inasible e inexistente. De su comprensión tomamos los disparates propios del enamorado. De su extensión los actos de la virtud.

Hallar amor no es lo mismo que ejercerlo y en todo caso nada es más que un acto de fe.

Diré por fuerza que no te amo y menos tú a mi. Si amas, tal parece que solo sabes amar tu soledad, egoísmo y torpeza.

En buena hora vine a hallar en ti los vicios de quien vive enamorada sin la virtud de quien ejerce amor por voluntad, deseo y naturaleza.

Diré también que solo por fuerza de tu distancia, tu torpe mezquindad y tus arranques de persona pública consigo odiarte.

Pero no me perteneces, ni me corresponde juzgarte.

Eres libre y así debe ser.

Yo, de mi parte, iré a buscar las ataduras del amor sincero y honesto en otros brazos, pues mi libertad siempre me ha gustado disfrutarla en compañía.

lunes, 14 de enero de 2019

La oscura noche del alma

Hace ya un par de años que pienso que no hay algo que valga la pena ser dicho. Las palabras inundan mi mente como un discurso sin sentido y como una tormenta de rencores. Cada uno de nosotros es en su interior un discurso a modo. Una corriente interminable de pensamientos que emanan del ego y arrastran al espíritu hasta verlo perdido tras las olas violentas de un mar de locuciones enfermizas.

Quizá no sienta dolor o quiera hacerme creer que no lo siento. La prisión del tiempo impone su cuota y con ello la inquietud y desconcierto de quien ya no sabe quien es. Nosotros, nuestro yo se halla perdido en el oscuro trayecto de la eternidad.

Ahora que recibí noticias de ello ¿qué de nuevo puedo decir? ¿hacia dónde dirijo mi discurso? ¿dónde encuentro sosiego?

Es cierto que no estoy haciendo las preguntas correctas y aun quise saber la respuesta. Pero no es necesario ya escucharla pues resulta vano como vano suele ser el acto de escribir. Palabras al viento. Mi eterno rosario de mandas.

A veces uno llega a ciertos entendimientos y decide dejar atrás aquello que siempre deseó llevar a a cabo. Negarse a sí mismo. Dar golpe de timón aunque el inmutable destino sea el país de las sombras.

El tiempo avanza y nuestro cuerpo se dirije a la putrefacción post-mortem. Las palabras engarzadas con mayor encanto no podrían saciar el hambre de los gusanos. El cuerpo, en vida prisionero de la lujuría, pasará a ser huésped de Mictlan.

Mas las palabras quieren salir. Estallar a borbotones por el puro capricho de ser escuchadas, por la vanidad de ser deletreadas, por el encanto de verse engarzadas en ese interminable golpeteo de quien desea hallar la palabra final, la frase de clausura, la invocación de muerte. Un requiem.

A veces deseo callar. Andaría mudo y tramaría entonces el último golpe. Ascendería en busca del dios oculto y lo arrastraría hasta lo más profundo del infierno donde derramaría hasta la última gota de su sangre y así [en silencio] vengar cada palabra que dicha en vano.

El amor no es una cosa ni la otra. Es indescriptible, inasible e inexistente. De su comprensión tomamos los disparates propios del enamorad...