27 de agosto de 2015

Ayer murió Don José Escobedo. Murió a sabiendas de que el Diablo mismo le había un favor.
Hace 50 años, cuando aun era un hombre fuerte, un ranchero de Guanajuato, su esposa le dio a su primer y única hija.
Tres años tardó la mujer en concebir y el día que Don José se enteró que estaba en cinta celebró durante una semana entera pues no cabía de la emoción.
Por fin una noche de primavera nació su primogénita. Tenía el rostro y los ojos de su madre quien murió durante las labores de parto. Don José estaba destrozado.
La pequeña creció para convertirse en la joven más hermosa del pueblo, orgullo de su padre y envidia de las demás jovenes.
Vivió feliz junto a su padre, hasta el día previo a su cumpleaños número quince.
Ese día al entrar a su cuarto la encontró muerta boca arriba, desangrada y el vientre destrozado: el útero le había extirpado.
Fue enterrada junto a su madre.

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