26 de junio de 2015

Disertaciones sociales

La sociedad civil no es un bloque” sentencia Isaak mientras Adrián y yo lo escuchamos. Justo un momento antes Adrián, mi homónimo, había destacado como el “movimiento” Queer, que en principio no buscaba ser un grupo o movimiento, vamos, no deseaba ser una división más dentro de la comunidad de la diversidad sexual; comenzaba ya a sufrir una atomización a su interior al momento que recordaba la anécdota de una chica lesbiana, auto-denominada queer, quien en una reunión entre amigos celaba a su pareja al punto de levantarse en un momento del sofá y cachetearla frente a todos. Un mini-macho en palabras de Adrián, incongruente con lo que se dice ser, un retorno a lo que supuestamente se está combatiendo, una diferenciación más al interior de la comunidad.

Los gorriones planean sobre la alberca y se posan en el tendedero en la casa de Isaak, mientras observamos el gigantesco árbol del vecino y Adrián se despide pues tiene una reunión en media hora. Isaak y yo continuamos platicando sobre la sociedad civil en México. Primero hay que aclarar que en sentencias como “la sociedad civil se manifestó por... [el maltrato de animales en +COTA]” la pregunta es ¿Qué bloque de la sociedad? ¿Qué grupo? ¿Qué estrato? Pues es cierto que las sociedades humanas tienden a la atomización de su conjunto en subconjuntos. Siempre por diferencias entre sus miembros. Platicamos superficialmente sobre mi calidad de neo-liberal y sobre la calidad de neo-liberal de muchos que se hacen llamar de izquierda. ¿Y que hay de la intolerancia de la izquierda mexicana? ¿De como si no estás con ellos estás contra ellos? Divagamos en torno a dichas preguntas no formuladas en concreto y le comento a Isaak como es que creo que la verdadera izquierda va más allá de cuestiones políticas y económicas. Para mi un hombre de verdadera izquierda es un ser capaz del respeto y la aceptación irrestricta de su prójimo. “Algo así como la verdadera anarquía” afirmo. Para muchos la palabra anarquía trae a la mente la imagen de jóvenes con paliacates negros sobre su rostros y bombas molotov en la mano, la conocida distopía ochentera. Pero la verdadera anarquía propone una sociedad organizada sin Estado, considerándolo como inmoral y pugnando por organizaciones no jerárquicas o de libre asociación. Algo que no se puede lograr baja el paradigma de constante diferenciación social a que tiende el hombre.

¿Qué hay de la corrupción? En definitiva tenemos una clase política sin visión. Los tres coincidimos que en Cuernavaca se vive mucho mejor que en el D.F., Isaak afirma que eso de ver gorriones en tu jardín no sucede en la gran ciudad y así comentamos el irresponsable desarrollo urbano de nuestra ciudad. Nuestra clase política carece de la visión necesaria para haber construido desarrollos habitacionales a dos horas-carretera de Cuernavaca pero no haber creado la infraestructura necesaria de transporte, generación de empleos y bienestar social que no sólo les hubiera dado el aplauso del pueblo, pero siendo oscuramente sinceros, también mayores oportunidades de corrupción. Pero ¿y el ciudadano? ¿Es incorruptible? ¿Un ser inocente víctima de la monstruosa perversión de su clase política? No, finalmente la sentencia “el PRI roba y deja robar” no deja de formar parte del subconsciente colectivo, de aquellos para quienes es más cómodo subir la escalera social por medio del pago de corruptelas y el tráfico de influencias.

Dos de nosotros, Isaak y yo, desde nuestra trinchera, él más politólogo que yo, pero finalmente animales políticos y el otro activista por la diversidad sexual; discutiendo sobre la sociedad mexicana, los tres como miembros de una generación diversa, más política y menos religiosa, más abierta y menos intolerante. Aquellos que nos sentimos destinados a transformar el país. Yo como profesor e Isaak en proyectos de participación ciudadana.
Mientras Adrián, a quien conocí hace más de diez años, dedica su tiempo al activismo. Alto, delgado y con un look bastante extravagante me interesé más por la persona que por el personaje. El tiempo pasó y de estar haciendo fuego en la calle, pasó a administrar un bar y luego a volverse un activista por la diversidad sexual. Historia que le dio las tablas necesarias para pararse en las cantinas de la ciudad y realizar labor de prevención del VIH/SIDA entre las ficheras, mujeres que cada que lo ven lo saludan, lo abrazan, le platican su vida y le preguntan si ese día lleva condones con él para regalar.


Al final de la tarde y de un recital de poesía, en que estuvo presente Javier Sicilia y su recitar poético con que consiguió domar al público y dejarlo en un silencio casi hipnótico; y donde me codee con la cultocracia de la ciudad, llego a la conclusión de que intentar transformar ésta sociedad en que vivimos se trata de construir puentes, no de diálogo, pero de comunidad humana; así como de respeto irrestricto, no de los derechos, pero del otro en su totalidad.

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