8 de mayo de 2015

-Maldigo el día en que leí el primer libro. Repite el sujeto detrás de las gafas. ¿Maldecir la lectura del primer libro? Sí, maldecirla, con el rostro distorsionado por la incomodidad de su naturaleza. ¿Cómo podría un ser maldecir un libro? Hemos nacido así en todo caso, seres incómodos y me atrevo a decir seres malnacidos. Hombres de ninguna época o locación.

¿Qué más da si alguna vez leyó un libro por primera o última vez? Probablemente nos hubiéramos encontrado en la misma circunstancia; almas desterradas de un mundo que no existe hacía un mundo que no deseamos o sabemos vivir.

La música continúa, las personas aun beben, la fiesta debe continuar, como ha continuado antes de nosotros. Un par de almas disimiles no van a parar el circulo de la tragedia, aunque para ello arrojaran sus cuerpos sobres las vías mismas de la vida; que en todo caso nos arrollaría y continuaría su marcha con apenas una cómica nota en algún periódico amarillista. ¿Qué importaba entonces que aquí hubiera dos desadaptados que deseaban ver al mundo arder hasta el tejado?

Jamás sucedería, jamás detendríamos ese círculo interminable ni con la muerte misma pues aun entonces quedaríamos pendientes de nuestra existencia misma.

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