8 de mayo de 2015

El sujeto en bata blanca fue claro en sus indicaciones, de ahora en adelante ni alcohol, ni carnes, ni grasas, ni picante y sobre todo tampoco cigarro; de todos el último es el que menos me preocupa. Pero ¿quién se cree este sujeto para degradarme al status de res vacuna? ¿De que he de vivir si no de la buena cecina y cerveza de esta tierra?

Claro está que dichas indicaciones vienen con su recompensa: una vida más sana y prolongada. ¿Sana? ¿Una vida sana a costas de comer hierbas y frutos? Maldita sea la madre de este sujeto gris de voz despreciable y maldita sea una vida así. Prefiero entonces que el corazón se me pare de una rechingada vez, si es que un día ha de pararse.

Pero no importa, no estoy molesto con él, ni conmigo, ni con la vida; en todo caso me molesta que el taquero ya se tardó con mi orden de tacos al pastor y al sujeto de bata blanca le acaba de servir su alambre y su coca de a medio.

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