4 de mayo de 2015

Aun recuerdo esos ojos vidriosos detrás de sus gafas de aumento, el tiempo detenido de madrugada, la gente a nuestro alrededor bailando y bebiendo; una XX lager en su mano izquierda y un cigarro en la derecha.
Lucían hinchados y húmedos, diría que sufrían de una suerte de extrabismo alcohólico; observaba sus ojos mientras sus palabras golpeaban el aire con aquella clase de rencor que sólo sale a frote tras unas cervezas y otras tantas palabras.

Sí comenzó a hablar fue porque yo callaba con aquella clase de melancolía que sale a frote tras unas cervezas y otros tantos recuerdos. Sin hablar de mi, me reflejó en sus palabras.

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