19 de abril de 2015

Apuntes sobre el puer aeternus

Por medio del proceso de idealización el objeto real, en este caso la madre, parte a convertirse en un objeto ideal. Alojado en el subconsciente del hijo.
Tanto objeto real como imaginario son ambos dos aspectos de un tercer objeto: el objeto del deseo.
En base a lo que el hijo entiende como el objeto real, siempre a través del objeto imaginario; el cual es un  de ideas y suposiciones; es que éste busca atraer el afecto de su objeto de deseo.
En un punto ideal el objeto real es inmutable (que no lo es) pero el objeto ideal no lo puede ser, pues siempre se actualiza en base a nueva información obtenida por quien desea.
En todo caso quien desea cree que su objeto de deseo es inmutable y siempre busca salvaguardar las discrepancias entre objeto real e ideal mediante diversas procesos y explicaciones.

En el caso del puer aeternus, la etapa de egoísmo infantil, que es la antesala a la madurez, no ha sido superada del todo. El puer no está preparado para madurar e incluirse en sociedad pues no ha aprendido a desprenderse de su objeto de deseo, sigue siendo egoísta.

El arquetipo del puer aeternus es mejor visto en hijos únicos, jamás llega un padre (el falo) a tomar su verdadero lugar como objeto de deseo del objeto de deseo (la madre) o un hermano menor que tome el lugar de los afectos de la madre.

El puer busca su propio placer; que piensa puede obtener poseyendo al objeto de su deseo; quien mediante sus afectos le proporciona el placer deseado. Pero entiende que para obtener los afectos de su objeto de debe conquistarlo primero.

Siendo el objeto ideal una representación mutable del objeto real (que en teoría es inmutable) este nunca logra representara fidelidad los verdaderos deseos del objeto real, que desconociéndolos éste y quien le desea, se mantienen como un enigma que quien desea está tratando siempre de descifrar buscando llegar así al deseo último de su objeto de deseo, liberando así sus afectos y obteniendo el placer deseado.

Existe entonces un deseo último, el gran deseo, aquel que una vez satisfecho dará fin a las dudas y brindará, si no paz, al menos sí placer.

Mi objeto del deseo tiene un gran deseo que desconozco y por ende soy incapaz de satisfacer.

Por ello se dice que los puer aeternus son grandes amantes, buscando obtener placer ofertan placer. Buscan mediante el trueque obtener el placer que tanto desean. Pudiendo llevar esta dinámica a muchos otros campos, no sólo el sexual.

Lamentablemente el deseo último de su objeto de deseo jamás fue descifrado; habiendo pasado además a convertirse en su propio deseo último.

Deseo algo que desconozco. Pero cuando lo descubra podré satisfacer a mi objeto del deseo y este a su vez me satisfará en consecuencia.

Por ello la inconstancia del puer, pues se halla a sí mismo descubriendo constantemente que no logra satisfacer su deseo último (que desconoce y que no le pertenece) o que el nuevo objeto de sus conquistas no puede brindarle el placer deseado pues no es su verdadero objeto de deseo.

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