16 de marzo de 2015

Primera de Lamentaciones

Quiero que sepas que te has vuelto mi pulsión de muerte, que mi deseo final es morir en ti: hendir mi rostro entre tus nalgas y remontar la curvatura perfecta de tu espalda, hacer retorno en tus hombros, una aspiración a la vez y besar luego tus pechos para bajar después por  tu vientre con intención de adentrarme en el sendero que comienza en tu entrepierna, explorar los humedales de tu interior y hacer campamento en tú útero; aquel miembro que habrá de transportarme por los más recónditos espacios de tu cuerpo, desde la punta de tu pies de marquesa, por los cuales despertaré las emociones más carnales y exquisitas de que mi ser es capaz, hasta la punta de tus manos con la cual el arte de tus palmas cobrará nueva vida; navegar por tus venas, como parásito alimentarme de tus órganos y ser cáncer que carcoma tu ser con mi aliento, subyugar tu deseo al mío y hacerme dueño y señor de tus entrañas, cobrar vida nueva en ti, a través de ti; que no haya suspiro tuyo que el vacío de mi ser no provoque, que el calor de mi acto sea motivo de tus sudores, que mientras más profundo me adentre en ti más sonoros sean tu lamentos de placer; marchitar tu cuerpo mientras bebo de él, robar el color a tus labios y apagar la luz de tus ojos; morir en ti, por ti, para ti, contigo; morir los dos, hacer de tus pechos mi recinto mortuorio y a través de ellos reunirme al fin con el dios Sol.

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