23 de marzo de 2015

Hace un par de dias un taxista me reclamo su lugar de estacionamiento. Su argumento era sencillo: yo vivo ahi ergo es mi lugar. Despues de dar su argumento y pedir de favor, como quien pide con derecho natural de por medio, que yo no volviera a tomar su lugar de nuevo; se quedo a la espera de que yo actuara a la brevedad, le solicite que esperara a que finalizara mi cigarro y regresara por las llaves a mi casa.
Una vez en el auto, simplemente me eche de reversa dejando un espacio entre mi carro y el del vecino de manera que el taxista tendria que estacionarse entre ambos. Al bajar y acercarme a la comitiva a que el taxista pertenecia y en la que figuraban otros ilustres borrachos de la cuadra que departian alegremente al calor de una botella de escoces William's Lawson con 7up, fui testigo de una ardiente conversacion sobre las ventajas de ser taxista, que entre otras se reducen a hermosas mujeres y dinero expedito, cosa que devino en un reclamo, de parte de uno de los borrachos de banqueta, hacia el taxista en cuestion por 50 pesos en deuda cosa que devino en calurosos argumentos de resentimiento, reclamos y soberbia lo cual a su vez devino en un punto en particular: el taxista que tan gallardamente habia reclamado su espacio de estacionamiento no sabia o no podia estacionarse en pararelo (entre dos autos) lo cual aunado al temor que tenia de que su esposa lo golpeara por sus tropelias provoco que terminara durmiendo dentro del taxi justo a la entrada de la calle.

Al dia de hoy yo no me estaciono en ese lugar porque le pertenece al señor taxista, el por su parte tampoco ocupa su amado lugar pues no sabe estacionarse.

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