3 de septiembre de 2014

Disertaciones democraticas

La democracia es quizá la empresa más difícil de llevar a cabo en Estado alguno. Ella propugna por el gobierno popular, según establecen sus teóricos. Lamentablemente las más de las veces cae en el riesgo de convertirse ya sea en el gobierno de la oligarquía que realmente detenta el poder, o en la tiranía de la mayoría que se ha hecho del mismo. Ambas perversiones de la democracia se pueden entremezclar y confundir a niveles que dificultan el claro discernimientos de ellas.
Cuando es la oligarquía la que se hace del poder, ella se encarga, por todos los medios, de hacer creer al pueblo que es él quien realmente detenta dicho poder, mientras en otras ocasiones, intenta y consigue, por medios diversos distraer a ese pueblo de los asuntos políticos, ya sea enbobándole con pan y circo o haciéndole creer que su destino no está en sus manos creando una situación de desinterés y desencanto político.

Así el pueblo vive sus días distraído, ocupado de su ser y de nada más, sabiéndose predestinado al presente que vive, sin deseos verdaderos de intervenir en el cambio del mismo a un nivel que vaya más allá de lo personal. Las personas buscan la mejora en lo particular, pocas veces en lo general. Con esto se consigue mantener al pueblo dividido, incapaz de acción conjunta.
La democracia ideal requiere de la acción conjunta de todas sus partes en la toma de decisiones. Pero esto rara vez ocurre, siendo que hay quienes se niegan a ejercer su derecho al voto, mientras hay quienes lo ejercen no en pleno derecho del mismo sino por coacción. Aunque la democracia no se reduce a la emisión del voto.
Como toda empresa humana, no se puede aspirar dentro de la democracia a la perfección, pero se puede esperar contar con unos ciertos parámetros mínimos que la acerquen a lo adecuado.
La oligarquía buscará entonces, por todos los medios posibles, viciar el proceso democrático con miras a beneficiarse así misma mientras mantiene en la consciencia popular la sensación de que las cosas marchan como deben y de que nada se puede hacer contra el curso de los procesos.

En la época de Don Porfirio Díaz bastaba con montar un espectáculo democrático para dar la sensación de un proceso de tal guisa. Muchas personas poco o nada dirían al respecto, y las que lo hicieran bastaría con amenazarles con la fuerza para nulificar sus voluntades. Pero esa es una situación que no duraría por mucho tiempo, y habría hombres que tendrían el valor de luchar contra el régimen.

Actualmente aunque la fuerza no ha dejado de ser un instrumento fundamental de control sobre las masas, lo cierto es que las tácticas utilizadas para controlar la voluntad de la gente se han diversificado a un nivel tal que se antoja difícil, sino imposible, medir su efecto real y combatirles de manera acorde. Dentro de esta maquinaria reluciente de control político existen los medios de comunicación y los métodos de propaganda masiva que con ella surgieron. ¡Goebbels desde el infierno debe regocijarse de la época que él inauguró!

Mismos medios de comunicación que juegan dos roles equidistantes y complementarios. Por un lado, como acusan constantemente las mentes "iluminadas" de nuestra sociedad, distraen las atenciones del vulgo en temas de poca o nula trascendencia política como el siempre cacareado fútbol o las eternas telenovelas. El uno distracción dominguera, las otras incluso producto de exportación. Por otro lado, como esas mismas mentes acusan, controlando la información de corte político y social que llega al publico, tergiversándola, sesgandola, disminuyéndola o acrecentandola; pero siempre con la intención de controlar la opinión publica. En Estados Unidos por ejemplo se señala constantemente a la cadena FOX por utilizar sus noticieros como medio de propaganda conservadora, en favor claro esta de los republicanos.

El imperialismo moderno ya no se vale de las posesiones territoriales pero del poder económico de su burguesía. El ejemplo claro de la hegemonía estadounidense lo demuestra la amplia presencia alrededor del mundo de su mas emblemática cadena de hamburguesas. Trocaron el fusil por el pepinillo. Es pues ese uno por ciento de la población quien controla el destino del mundo. Valiéndose en aquellos Estados donde pueden del apoyo de su clase política o entremezclándose con ella hasta el punto de parecer no haber distinción entre ambas.
Burguesía que siempre soñó con la nobleza de antaño, a la cual ya no puede aspirar por herencia pero lo hace por adquision: lujos inimaginables para esa mayoría que apenas y puede pensar en que va a comer mañana o aquella otra que vive una vida de ensueño creyendo que el sueño americano es tan democrático que todos sin importar nada pueden aspirar a el.

Esa burguesía es la tal que ha tomado el poder democrático en sus manos. Enarbolando por lo alto el neoliberalismo. Sistema económico voraz y privatizador: todo es susceptible de tener dueño, todo usufructo es susceptible de ser privatizado. Pues solo el ente privado entiende de utilidades, solo el sabe de progreso. Progreso del que las masas solo pueden esperar las dadivas que la noble burguesía tenga a bien darle.

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