21 de diciembre de 2013

Estado Ficto

   El ser humano es por naturaleza un animal gregario. Desde siempre y para nuestra sobrevivencia nos hemos congregado en grupos; desde el circulo familiar, pasando por la polis, ya en su tiempo descrita por Aristóteles, hasta llegar a la mas reciente creación en la evolución social humana: el Estado Nación.

   El Estado Nación como tal, responde principalmente a una determinada afinidad racial, lingüística y religiosa entre un cierto conjunto de individuos. Dicho Estado basa su construcción en un conjunto de valores determinados; ellos forman el cimiento del llamado nacionalismo.

   En entrevista para Slate, el psicólogo Joshua Greene menciona que la moralidad es un conjunto de mecanismos psicológicos que nos permite cooperar. Partiendo de ese supuesto; la “moralidad nacionalista”, me atreveré a definirla así, propia del Estado Nación, pretende regir nuestra vida como miembros del mismo. Después de todo, menciona también Greene; biológicamente hemos evolucionado para cooperar de una manera tribal, vamos, como miembros de un grupo.

   En el punto histórico actual, quiero preguntarme ¿qué implica hacernos llamar mexicanos? ¿es o ha sido alguna vez válido hablar de una nación mexicana? De ser así ¿cuál es esa “moral nacionalista” que rige nuestra vida como sociedad?

   La riendas de México fueron llevadas durante décadas bajo la jurisdicción del llamado nacionalismo revolucionario esgrimido por nadie más que por el PRI. Bajo los supuestos de dicho nacionalismo se nacionalizó el petróleo, la energía eléctrica, los ferrocarriles y ya en su ocaso hasta los bancos. No por nada López Portillo puede ser considerado el último caudillo del nacionalismo revolucionario.

   El México que estamos viviendo tiene sus raíces bien cimentadas en esa época; misma que ofreciera a un mundo maravillado el fantástico “milagro mexicano”, época con tasas de crecimiento de hasta el ocho por ciento anual mediante la llamada “sustitución de importaciones” y otras bellezas económicas de la época.

   Pero el nacionalismo revolucionario esta muerto, bien muerto. Sólo algunos perredistas anquilosados lo recuerdan aun. Hace 31 años México dio el paso crucial en su transformación hacia una economía de mercado. Hacia el neoliberalismo. Los tratados de libre comercio, las convenciones internacionales, las membresías en diversos organismos y foros internacionales, incluso la desaparición de las garantías individuales para dar paso a los derecho humanos. Todo eso no son sino muestras de que México ya no es ni puede ser lo que era al finalizar el sexenio de Jolopo.

   El paso lógico era la transformación estructural del país. Y como buenos constitucionalistas que somos, eso sólo era posible mediante la vía de las reformas a la Constitución. Nos guste o no.

   Como mexicanos ¿podemos seguir viendo a México a través de la lente del nacionalismo revolucionario? ¿o debemos transformar nuestra visión para poder entender este México que nos están forjando los del Consenso de Washington?

   Por mientras espero con ansias la llamada consulta ciudadana a que planea convocar el PRD; personalmente yo también quiero que me pregunten. El problema es ¿Hay ciudadanía o sólo ciudadanos? Esa es la nueva moral que debemos construir, la de una ciudadanía sólida en toda la extensión de la palabra, de lo contrario no hay consulta que sirva de algo.

El texto original de Éste artículo fue publicado por Agencia Quadratín en la siguiente dirección: http://www.quadratin.com.mx/opinion/Estado-Ficto-14/

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