14 de septiembre de 2011

El Individuo, Cuento Corto

Hoy caminé por el bosque. Fue increíble, hacía mucho frío, podía
sentir la humedad en el aire. Los arboles apenas permitían que entrara
la poca luz que el día tenía para ofrecer. Caminé por horas. Aun no
estoy seguro de cuanto tiempo caminé, hasta que llegué a un claro en
medio del bosque, el sol era deslumbrante, casi me cegó, pero mis ojos
pronto se acostumbraron. Me recosté, mire al cielo, vi un zopilote,
negro, volaba en circulos sobre mi, me pellizqué la carne ¿acaso podía
percibir el olor a muerte? sí, de eso viven aquellos animales. Yo
despedía un olor a muerte meses atrás, quizá años, no lo sé, perdí el
sentido del tiempo. Pero nunca bajó, jamás se acercó a alimentarse de
mi, acaso siga vivo, pero no, sé que estoy muerto.
Por fin regresé, caminé de retorno a la oscuridad de mi celda. Esta se
inundó del olor dulzarrón a muerte. Aun me queda tiempo que purgar
aquí, quizá mañana vaya a la playa.

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