14 de junio de 2011

Primer acercamiento a las ideas de la ilustración

La revolución francesa, se ha citado en más de una ocasión, es quizá el evento más transcendental que fue directamente influenciado por la ilustración. El documento surgido de ella, la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, a su vez ha influenciado al mundo moderno ya que es el detonante de lo que hoy conocemos como los instrumentos de los derechos humanos.

En comparación con lo ocurrido durante la revolución francesa, podemos colocar los sucesos de la guerra de reforma en México (1857-1861). En ambos sucesos la iglesia fue atacada directamente por los dirigentes de ambas revoluciones. Un ejemplo: durante la revolucion francesa, la asamblea nacional surgida del tercer estado, declaró los bienes de la iglesia como a disposición de la nación. En comparación, en 1856 la Ley de desamortización de bienes de manos muertes, o ley Lerdo, se promulgó con intención de que los bienes de la iglesia se pusieran en el mercado, con el objetivo de producir riqueza para el país mexicano.

No podemos ver la influencia de las ideas ilustradas, y de la revolución francesa, tan marcadas en ninguna parte más que este periodo histórico de la nación mexicana.
Con la intención de romper totalmente con el pasado nacional, marcado por los vicios virreinales como la distinción de castas, el dominio de la iglesia en asuntos públicos como la salud o la educación e incluso el gobierno, la opresión del indígena mexicano, el saqueo de la riqueza nacional, que incluso superó en ingresos a la metrópoli y subsidió con creces las andanzas españolas en europa y el mundo, y una administración pública caracterizada por el compadrazgo, caciquismo y patrimonialismo; Benito Juárez se convierte en el abogado de ideas revolucionarias que critalizarían en las llamadas leyes de reforma.
De estas leyes, las tres que quizá merezcan mayor atención sean la ya mencionada Ley Lerdo, la Ley Juárez que suprimía los fueros de la iglesia y declaraba a todos los ciudadanos iguales ante la ley y la Ley de Libertad de Cultos, que claramente permitía la existencia de otros credos más allá que el católico.

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