5 de abril de 2011

Notas sobre sociedad

Desafortunamente los mexicanos consideran a las leyes como algo creado con el mero objeto de molestar. En una discusión surgió el tema de porqué los mexicanos tiramos basura en la calle, comentándose el clásico "es que el gobierno no coloca cestos" hasta el "pero en Estados Unidos sí respetamos". El motivo de nuestro valemadrismo, esa actitud de "me importa un bledo", es tan oscuro como como un panista a medio día. Pero es cierto que aunque un gran porcentaje de la gente sabe que la basura no va en la calle, otro gran porcentaje (aunque esto me obligaría a hacer un estudio ya que lo que digo es un mero juicio de valor) sigue tirándola a media avenida como si el asfalto se fuese a encargar de ella. Hay un enorme tendencia a dejarle a otros la responsabilidad.
Pero es claro que las leyes no fueron inventadas por el gobierno, las leyes fueron inventadas por la sociedad; una madre que a diario lidia con el comportamiento de sus hijos sabe que establecer leyes es necesario para mantener la cohesión familiar. La conjunción social por naturaleza requiere de las leyes, de lo contrarío se pudriría en la anarquía de sus miembros y sería mejor para todos vivir como leones solitarios que como abejas sociales.
Es claro, pues, que las leyes nos permiten subsistir en sociedad. Y es el amor por ellas quien la impulsa. Un joven que ama cantar es un mejor elemento de un coro que aquel que detesta o da un carajo por el canto. Y cuando todos, en su amor por el canto, cantan al unísono, increíblemente alientan a los que desdeñan el canto a unirse a el porque el entusiasmo se contagia. Así las leyes, como partituras, cuando son respetadas construyen una sociedad mejor y así aquel que no las respeta es detectado inmediatamente, así como aquel que cantando da una nota fuera de tiempo o tono y hace que el recital sea deleznable de escuchar.

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